
Dicen que ayer Jaime se subió al autobús.
Te enseñaré a vivir en el exilio.
Pero son sólo rumores.
Rumores.
Especialmente hoy, que me exilian quienes se consideran mis enemigos. Quienes haciendo uso de una falsa moral, una falsa lealtad, un falso sentido de justicia y de respeto, intentan acusarme de ser ladrón de mi propio trabajo intelectual, trabajo que aunque materialmente no me pertenece, me he dignado honradamente en mostrar a aquellos a quienes pueda interesarles el talento y creatividad que he desarrollado durante casi treinta años, pues mis inicios como artista datan desde mi más tierna infancia. Y aún quienes no se consideran mis enemigos, o que en otros tiempos se consideraban lo contrario (aunque yo nunca les otorgué mi amistad), me han visto como alguien que debe vivir bajo un exilio, porque salir de ese exilio significa su empobrecimiento, significa que su minúscula importancia y su diminuto y obtuso intelecto pueda verse eclipsado por alguien que se siente orgulloso de ser quien es y que en ello no puede haber reproche ni motivo de verguenza alguna.
Como alguna vez lo dijera quien hoy me causa daño: "Puta wey, tú no perteneces aquí. Yo ya lo ví, pero no creas que éres el mejor. Hay cien allá afuera esperando ocupar tu lugar." Curiosas palabras para un sujeto que remeda al arte con su discurso pueríl, redundante, vulgar y falto de cultura, sobervio y sobre todo miope; con sus dibujos incriticables. Ninguno de sus servíles perros ha faltado en señalarle cuando no está presente sus faltas gravísimas. El que este tipo de gente crea que soy yo "el mejor" por tener un talento que muchos en el mundo tienen, no los hace ver más que como un pobre pez que en su estanque no se dá cuenta de la inmensidad del oceano.
Nunca me he ostentado como el mejor. ¿El mejor de qué? Muchos genios de la pintura (donde reconozco que no soy uno, faltaba más), no tienen el título de "el mejor". Grandes artistas fueron, genios únicos, pero nunca "el mejor". Y quien esas palabras emite (las de que "no soy el mejor"), lo hace porque pretende "pintar", pretende convertirse en un gran artista como su compadre a quien le compra unos horribles cuadros que considera "escuela de Picasso" sólo porque ha logrado vender unos en el extranjero. Más de lo que yo he logrado dirán sus defensores, como aquél que me acusó faltándole argumentos y razones (víctima de su envídia, que convirtió mi persona en objetivo de su frustración). Sin embargo me defiendo diciendo que: Al menos yo sí sé dibujar, y no remedo a Picasso ni a ningún otro artista que admire.
Un amigo muy entrañable (que curiosamente se llama Miguel, cómo el árcángel, y Miguel Ángel, su nombre completo como el del autor del David y la Capilla Sixtina), al igual que en la "Escalera de Jacobo", se convierte en un "salvador" para mí, mientras no distingo la realidad, y mi hermana (una gran escritora) en la razón (como "Luis" interpretado por Danny Aiello). Miguel mi amigo, compara mi situación con la del falto de talento (y vasos capilares en su cuero cabelludo) con la de Wolfgang Amadeus Mozart y Antonio Salieri. Me enzalsa con su comparación, sobre todo porque yo no soy un genio. Y ensalza a mi antiguo amigo, porque a diferencia de Salieri -quien fue maestro de grandes como Beethoven y Lizt- no tiene con qué ser recordado ni comparado, el pobre sí es incomparable.
Con cariño dedico esta entrada para mi amada esposa quien enferma, se le vino hoy el mundo encima; para mis hermanas y mis amigos que me brindan su apoyo y comprensión, amigos que se han convertido en pilares importantes de mi formación, a quienes veo como mecenas o tutores que apadrinan obras artísticas, como "hermanos Teo".
Yo hoy he salido del exilio, con su ayuda (la de los canallas). Me dieron un empujón intentando asustarme y engañándome para salir de una verdadera cárcel. Cómo mi Abuela Concepción diría: "que con su pan se lo coman ..."